Los dispositivos electrónicos dejan de ser id-IoT-as gracias al internet de las cosas

Si nos detenemos un momento y prestamos atención descubriremos que estamos rodeados, incluso llevamos encima, dispositivos que hablan. Sí, sí, has entendido bien, objetos que se comunican con nosotros o con otras máquinas. Su finalidad es la de recopilar datos del mundo real para que puedan ser interpretados, analizados, procesados, ordenados y que regresen en forma de nuevas propuestas a los usuarios. Ese tránsito desde la id-IoT-ez hasta la inteligencia ha sido posible gracias al internet de las cosas (IoT).

Con este artículo quisiera hacer una pequeña introducción para todas aquellas personas que quizás hayan oído hablar de “el internet de las cosas” (IoT) pero que desconocen exactamente qué es, cómo funcionan y sus aplicaciones.

Una definición sencilla de IoT

Un dispositivo IoT es cualquier objeto al que se le ha dotado de conexión a internet y de una cierta inteligencia software, que permite la medición de parámetros físicos y sobre el que se puede actuar remotamente, sin necesidad de intervención humana. El objetivo es la comunicación-interacción de máquina a máquina.

El interés por esta tecnología se centra en todas las posibilidades y aplicaciones que nos proporcionan, y que mejoran tanto nuestra vida cotidiana como los entornos empresariales y negocios.

Las aplicaciones son infinitas, pero para que se vea más claro pondremos algunos ejemplos:

Imaginemos la nevera de nuestro hogar. Tenemos productos caducados o a punto de caducar y además faltan alimentos porque los hemos consumido. Pues bien, ante este escenario tan desastroso, se podría conectar el frigorífico a internet para que nos avisara, a través del móvil, e incluso, nos hiciera la compra automática para que nos la lleveasen a casa. Y aún hay más, podría avisarnos de una bajada de temperatura por avería; o de un consumo de electricidad excesivo, a partir del número de veces que se abre la puerta de la nevera.  Parece de locos, ¿verdad?

Si pensamos en aplicaciones industriales, IoT se está usando en las plantas de producción, donde los sensores y dispositivos que se han conectado a la red recogen información, que permiten generar alarmas y crear mensajes que serán enviados a los usuarios encargados de tomar decisiones, o incluso activar protocolos de actuación para que se inicien de forma automática. 

Y tenemos más y más aplicaciones: en el ámbito de la salud, de la e-movilidad, de la Industria 4.0, de la logística, de la ganadería y agricultura, etc.

¿Para habilitar un entorno IoT, qué elementos son imprescindibles?

Para dotar a cualquier dispositivo físico del poder de la inteligencia-digitalización se requiere:

  • Los sensores: Se incorporan a los dispositivos electrónicos con la finalidad de recoger datos del mundo real (temperatura, humedad, nivel, presión, etc.) y convertirlos en señales eléctricas para analizarlos localmente y luego trasmitirlos, para que sean procesados, ordenados y almacenados en una base de datos, para su posterior uso y proceso.  
  • La plataforma. Es el software que permite conectar todos los dispositivos en un entorno digital, generando una red para que todos ellos puedan comunicarse y generar información valiosa. 
  • El Procesador. Es la unidad de procesamiento encargada de interpretar las instrucciones de un hardware haciendo uso de distintas operaciones aritméticas y matemáticas.
  • Las redes de comunicación. Es un conjunto de medios técnicos que permiten la comunicación a distancia entre equipos autónomos.  La utilización de un determinado protocolo de comunicación depende de innumerables factores, como el caso de uso, distancia de la conexión, duración de la batería, etc. Se puede hablar de comunicación a través de Bluetooth, “WiFi”, móvil (4G, 5G…), LoRa, etc.

Ahora que ya tenemos las definiciones algo más claras, localicemos en nuestro entorno habitual, negocios que utilicen el internet de las cosas en su día a día y veamos las repercusiones que tienen.

Uno de los negocios donde es habitual encontrar dispositivos IoT son las farmacias y las grandes superficies.

En el caso concreto de las farmacias, muchos de vosotros habréis podido observar que de sus estanterías han desaparecido las típicas etiquetas de papel y en su lugar se han instalado etiquetas electrónicas para marcar los precios, las promociones, los componentes y propiedades de los productos. También es fácil encontrar en el mostrador un cajón automático de cobro para gestionar de forma inteligente el flujo de la caja.

Tanto las etiquetas electrónicas como el cajón inteligente de cobro son dispositivos IoT porque están conectados a una red y, gracias a un software, son capaces de enviar datos, recibir órdenes para actuar remotamente o plantear nuevas propuestas, sin que el farmacéutico tenga que intervenir.

Los beneficios que le reportan son muchos: un gran ahorro de tiempo, reducción de costes, optimización de los precios, control exhaustivo del stock, racionalización automática de pedidos, control sin errores del flujo de caja y una excelente experiencia para el cliente.

Nos encaminamos hacia un cerebro global que lo conectará todo. Un cerebro que estará en la nube repleto de datos. Y una vez ordenados y analizados nos regresaran en forma de zapatillas, pulseras de muñecas, neveras, ventiladores, etc. con una inteligencia capaz de prometernos una vida llena de confort.

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